Java: los volcanes y los templos
Borobudur y Prambanan al oeste, y los tres volcanes en línea hacia el este: Tumpaksewu, el Bromo y el Ijen. Es la parte del viaje que se hace de madrugada.

Qué es y si merece la pena
Java es la isla donde vive más de la mitad de Indonesia y, para quien viaja, son dos mitades bien distintas. En el centro, alrededor de Yogyakarta, están los templos: Borobudur, el mayor templo budista del mundo, y Prambanan, el conjunto hinduista más grande del país, levantados los dos en el siglo IX a pocos kilómetros uno de otro. Hacia el este se alinean los volcanes: la cascada de Tumpaksewu, el Bromo y el Ijen, que se encadenan en un solo recorrido de cuatro días.
Merece la pena, y es la isla que más da por día de viaje. Pero conviene saber de dónde viene ese valor: lo que nadie olvida es la parte de volcanes. El amanecer sobre el mar de arena del Bromo y la bajada al anfiteatro de Tumpaksewu son el paisaje que se queda del viaje entero.
Los templos son la mitad cultural y están bien, sin ser el momento del viaje. Dos avisos que ahorran tiempo: si ya has estado en la India, Prambanan va a impresionar menos, y el Palacio del Sultán y el Templo del Agua de Yogyakarta, que salen en todas las guías, se pueden saltar sin remordimiento si no vienes por la historia de los sultanatos javaneses. Con un solo día en la ciudad rinde más perderse por la calle larga del centro y cenar bien.
Cómo se llega
Casi todos los vuelos internacionales aterrizan en Yakarta, pero lo interesante está en Yogyakarta, a una hora de vuelo. Si los horarios lo permiten, enlaza el mismo día: hacer noche en Yakarta no aporta nada y se pierde una jornada en una ciudad que no se visita.
Dentro de las ciudades, Grab y Gojek lo resuelven todo, con coche o moto y el precio cerrado antes de subir. Conviene instalar las dos antes de salir de casa, porque en unas zonas responde mejor una y en otras la otra.
Los tres volcanes se hacen en un mismo recorrido contratado entero, y el motivo es de logística: están en línea de oeste a este y el último termina entregándote en el ferry hacia Bali, con el traslado hasta el alojamiento incluido. Contratado por trozos, el salto entre islas te toca resolverlo a ti, de noche y con el equipaje a cuestas. Entre volcán y volcán hay días largos de carretera, y ahí el equipaje viaja dentro del coche.
Al Bromo no se sube andando desde abajo ni te deja un autobús arriba, y esto no lo cuenta ninguna guía seguido: te recoge un jeep —Land Cruiser viejos y modificados, en caravana por la caldera—, sube la cuesta y aparca en un descampado. Desde ahí se anda media hora larga cuesta arriba hasta el mirador del amanecer. Después se vuelve al mismo jeep, que cruza el mar de arena hasta el cráter, y al terminar te devuelven en autobús. Son dos sitios distintos y las dos mitades del día valen la pena.

Cuánto tiempo hace falta
Seis días es el reparto que funciona: dos en Yogyakarta y cuatro para el tramo de volcanes.
Los dos primeros se explican solos. Uno para llegar y ver la ciudad, y otro para el día grande de los templos, que se hace entero de una tirada: amanecer en el mirador de Punthuk Setumbu, Borobudur a media mañana, las faldas del Merapi en jeep y Prambanan con la última luz de la tarde.
Los cuatro del este tienen una trampa que conviene conocer antes de mirar horarios: el primero es casi todo carretera. Se sale de Yogyakarta por la mañana y se llega a Probolinggo, la ciudad portuaria desde la que se ataca el Bromo, con dos o tres horas de luz por delante y nada programado. De ese hueco no avisa nadie, y da de sobra para escaparse a la costa a ver la puesta de sol. Los otros tres días son Tumpaksewu, el Bromo y el Ijen, uno por día y cada uno con su madrugón.
Con menos días, lo primero que se cae es Tumpaksewu: los paquetes cortos que se venden por todas partes hacen solo Bromo e Ijen en tres días y dos noches. Se puede, pero se pierde la cascada, que es de lo mejor de la isla. Los templos, en cambio, sí se comprimen bien en un solo día.
A qué hora o en qué época ir
Temporada seca, de abril a octubre. El centro del verano es el tramo más seguro para los volcanes, que es justo lo que no conviene jugarse: con lluvia, un amanecer de madrugada se convierte en una noche en vela dentro de una nube.
Y luego está la hora, que aquí manda más que la época. Casi todo en Java ocurre de noche o de madrugada: el amanecer de Borobudur se ve desde el mirador de Punthuk Setumbu y no desde el templo, al Bromo se sube de noche para llegar al mirador antes que el sol, y la recogida para el Ijen puede ser pasada la medianoche, con el alojamiento ya dejado y todo el equipaje encima. Son varios madrugones seguidos, y si eso te pasa factura, esta es la parte del país que peor te va a sentar.
A esa hora y a esa altura hace frío de verdad, cosa que sorprende en un país ecuatorial: en el Bromo y en el Ijen se agradece un cortavientos o una sudadera gruesa.
Un detalle de calendario que puede tirar abajo un tramo entero: el Ijen cierra el primer viernes de mes. Con un tour contratado no es tu problema —lo tienen previsto y esos días ni los ofrecen—, pero si te montas los volcanes por tu cuenta, míralo antes de reservar nada. Y si caes en agosto, el país lleva semanas vestido de banderas rojas y blancas por el aniversario de la independencia; la avenida de acceso a Borobudur está engalanada de punta a punta.
Consejos
- A Borobudur no se entra con el calzado propio. En la puerta te dan unas sandalias del templo para subir, y te las quedas de recuerdo; si llegas con botas, te dan una bolsa para guardarlas. No es cortesía: con suela de calle se daña la piedra.
- Para bajar a Tumpaksewu, calzado de río y efectivo suelto. Con chanclas de dedo baja mucha gente y se puede, pero se pasa peor: escarpines, cangrejeras o sandalias cerradas van mejor. Baja lo mínimo encima, porque te mojas, y lleva metálico: el puesto del fondo es la única agua fría del día y no cobra de otra manera.
- Cuenta hora abajo y hora y media arriba en Tumpaksewu, y no por la pendiente: el camino es estrecho, va lleno y se avanza a parones. El día se va entero ahí.
- El fuego azul del Ijen no está garantizado. Lo raro es verlo: el azufre solo arde así en ciertas condiciones, y al reservar no queda claro. Cuando no lo está, los guías hacen una demostración con fuego en un lateral, que no es lo mismo. El cráter al amanecer justifica la subida por sí solo.
- Pregunta al reservar si el Ijen te pide certificado médico. Algunas agencias lo tramitan al llegar al alojamiento y piden copia del pasaporte de cada uno para eso y para el ferry.
- En el Merapi, ropa de cambio a mano. El recorrido en jeep por las faldas acaba metiéndose en un río y se sale mojado. Eso no lo avisan al reservar.
- El dron no vuela sobre Borobudur ni sobre Prambanan, aunque sí en los alrededores sin sobrevolarlos. En el Bromo no hay restricción, y es el sitio más cómodo del país para volarlo.
