15 días por Java, Komodo y Bali
El itinerario día a día: los tres volcanes de Java en un solo tour, tres días durmiendo en un barco de madera por Komodo y el final en Bali. Con los madrugones que hacen falta y lo que se puede saltar.

- Quieres subir a volcanes, bajar a cascadas, ver dragones y entrar en templos en el mismo viaje.
- No te importa levantarte de noche varios días seguidos.
- Te apetece dormir a bordo de un barco de madera y pasar los días en el agua.
- Tienes dos semanas largas: en menos, esta ruta no cabe.
- Buscas playa y descanso. De eso aquí hay muy poco.
- Viajas con niños pequeños o con alguien a quien los madrugones le pasan factura.
- Necesitas que se cumpla el itinerario que compraste. El plan es cerrado, pero en Komodo pueden cambiarte Padar y Pink Beach por Rinca y otra playa con un día de aviso.
- Quieres comodidad todas las noches.
- Yogyakarta · Templos2 días · La ciudad, Punthuk Setumbu, Borobudur, el Merapi y Prambanan
- Java · Volcanes y cascadas4 días · La carretera a Probolinggo, Tumpaksewu, el Bromo y el Ijen
- Komodo · Barco y dragones5 días · Tres días navegando, el agua y las islas
- Bali · Templos y acantilados4 días · La danza Kecak, Ubud, Nusa Penida y Sanur
Sobre el terreno: 15 días, sin contar los vuelos de ida y vuelta.
Quince días dan para cruzar Indonesia de oeste a este: los templos y los volcanes de Java, el barco por Komodo y el final en Bali. Es un itinerario con varios madrugones seguidos, y cada uno merece la pena con creces.
El orden no es casual. Los tres volcanes de Java están en línea y el último deja en el ferry hacia Bali, así que lo más duro cae al principio: a partir de ahí el viaje se relaja.
Día 1 · Yogyakarta
Se llega de un vuelo largo y a una hora imprevisible, así que este día no se planifica: se aterriza. Un paseo por el centro, o directamente descansar.
Yogyakarta es la capital cultural de Java y lo que queda de un sultanato que sigue vivo: es la única región de Indonesia cuyo gobernador es un sultán por derecho propio, y no un cargo elegido. De ahí salen el batik, la danza y el teatro de sombras javaneses, y es además ciudad universitaria, así que por la noche hay calle.
En el centro están el Palacio del Sultán —el kraton, del siglo XVIII, donde la familia real todavía vive— y el Templo del Agua, que no es un templo: es Taman Sari, el jardín y los baños que los sultanes usaban como retiro, levantados entre 1758 y 1765. Los dos salen en todas las guías. Si te tira la historia de los sultanatos javaneses, el palacio te llena una mañana. Si vienes por el paisaje y los volcanes, se pueden saltar sin remordimiento. Con un solo día por delante rinde más perderse por Malioboro, la calle larga del centro donde está el comercio, la comida de puesto y el ruido de la ciudad, y cenar en un sitio como The House of Raminten: cocina javanesa con carruajes, música de gamelán y camareras de traje tradicional, abierto las veinticuatro horas, que resuelve bien una llegada a deshora.
Para moverse por Yogyakarta, Grab y Gojek lo resuelven todo: coche o moto, con el precio cerrado antes de subir y sin regatear en la calle. Conviene instalar las dos apps antes de salir de casa, porque en unas zonas funciona mejor una y en otras la otra.
Día 2 · Punthuk Setumbu, Borobudur, el Merapi y Prambanan
El día grande de la parte cultural, y entero en un solo tour. Salida sobre las cuatro de la mañana, con dirección a Punthuk Setumbu.
Desde el aparcamiento se suben diez minutos andando hasta el mirador, y allí se espera al amanecer: el sol asoma por detrás de la montaña mientras el valle se despeja de niebla, con Borobudur al fondo. Puede que no se despeje del todo, y aun así las vistas pagan el madrugón.

Con el amanecer visto, Borobudur queda a un cuarto de hora en coche. El guía te acompaña hasta la entrada, donde te dan unas sandalias del templo: no se reutilizan, porque con calzado de calle no se puede subir para no dañar la piedra, así que te las quedas de recuerdo. Si llegas con botas de trekking te dan una bolsa para guardarlas. La entrada incluye guía en inglés que cuenta la historia entera.
Es el templo budista más grande del mundo, construido en el siglo IX por la dinastía Sailendra. Estuvo siglos abandonado y enterrado bajo la ceniza del Merapi y la selva, hasta que se desenterró en el siglo XIX; la restauración que se ve hoy la pagó la Unesco en los años setenta, desmontando y volviendo a montar más de un millón de piedras. No se recorre por dentro: se sube en espiral por nueve terrazas, con más de dos mil paneles de relieves que se leen como un cómic mientras se rodea cada nivel, y arriba las campanas de piedra con un buda dentro.

Si vas a principios de agosto lo encontrarás vestido de banderas rojas y blancas por el aniversario de la independencia, igual que medio país.
Antes de comer toca el Merapi, el volcán más activo de Indonesia y uno de los que tiene más gente viviendo cerca. Se cambia el coche por un jeep para recorrer sus faldas, y lo que se ve no es solo paisaje: la erupción de 2010 mató a más de trescientas personas y borró aldeas enteras de la ladera, y el recorrido pasa por casas sepultadas y por lo que quedó dentro de ellas. El guía cuenta las últimas erupciones sobre el terreno y, con suerte, el cono se deja ver entre las nubes. El recorrido acaba metiendo el jeep en un río, así que ten a mano ropa de cambio o un impermeable: se sale mojado, y eso no lo avisan al reservar.
La comida cae entre arrozales, cerca de Prambanan —el tour suele parar en un sitio como Kamadhatu, con el campo delante—, y el templo cierra el día al caer el sol. Es el conjunto hinduista más grande de Indonesia y de la misma época que Borobudur, levantado a pocos kilómetros: dos religiones construyendo a la vez en el mismo valle. Aquí no se sube, se camina entre torres afiladas —la de Shiva pasa de los cuarenta metros— dedicadas a la Trimurti, con el Ramayana tallado en las paredes. Con una hora se ve bien, y la última luz de la tarde sobre la piedra es de las buenas del viaje.
El día entero se vende como un solo tour: amanecer en Setumbu, Borobudur, el Merapi y Prambanan.
Día 3 · Empieza el tour de volcanes · la carretera hasta Probolinggo
Aquí arranca el mejor tramo de Java. Los tres volcanes se hacen en el mismo tour porque están en línea de oeste a este y porque el último te deja en el ferry hacia Bali. Se venden en paquete: este, por ejemplo, sale de Yogyakarta y termina dejándote en Bali. El de esta ruta añade Tumpaksewu y un día más.
El primer día es casi todo carretera. Probolinggo es una ciudad portuaria de la costa norte que no sale en ninguna guía y que existe, para el viajero, como puerta del Bromo: se duerme ahí porque está a la distancia justa para salir de madrugada al volcán.
Se llega con dos o tres horas de luz por delante y nada programado. De ese hueco no avisa nadie, y da de sobra para escaparse en Grab a una playa a las afueras: barcas de pescadores en marea baja, un mirador de tejado rojo y el sol poniéndose por detrás. Por allí no aparece un turista, y se nota positivamente en cómo te reciben.

Para el atardecer sí; para bañarse no. No es que esté sucia: el fondo tira a fango y no apetece meterse. Se va a mirar, no a nadar.
Para cenar, el alun-alun —la plaza mayor que toda ciudad javanesa tiene frente a la mezquita— se anima al caer la noche: letras luminosas, puestos de comida y coches de pedales iluminados dando vueltas. No es un sitio al que viajar, pero es la mejor forma de gastar la tarde en una ciudad que solo es un alto en el camino.
Un apunte de la carretera que no espera nadie: los campos de arroz camino del Bromo son mejores que los de Bali, que es adonde va todo el mundo a verlos. Ese tramo da más de lo que promete.
Día 4 · Tumpaksewu
Tumpaksewu, "las mil cascadas". No es un salto de agua sino un anfiteatro: una pared curva de ciento veinte metros por la que el agua cae en cortinas desde todo el perímetro a la vez, al pie del Semeru. Desde el mirador de arriba se ve entero de un golpe; quien baja hasta el fondo se lleva la otra mitad, que es mirarlo desde abajo con el agua cayendo todo alrededor.
El día se va entero aquí. Bajar lleva alrededor de una hora y subir hora y media, y no es por la pendiente: es que hay mucha gente en un camino estrecho y se avanza a parones. Aparte de las cascadas, el recorrido pasa por Goa Tetes, una cueva con saltos de agua por delante que se cruzan por detrás, y por otros rincones del cauce, así que no es bajar, mirar y volver.
La bajada vale cada paso. Hay cuerdas y escaleras de bambú, pero no es un paseo.

De vuelta se duerme en el mismo hotel de la noche anterior, y toca hacer las maletas: al día siguiente se sale de madrugada hacia el Bromo y ya no se vuelve.
Día 5 · Amanecer en el monte Bromo
El Bromo no es una montaña suelta: es un cono dentro de la caldera de Tengger, un agujero de dieciséis kilómetros de diámetro con un llano de arena volcánica en el fondo —el mar de arena— y el Semeru, el pico más alto de Java, humeando detrás. Esa es la postal del mirador, y por eso el amanecer aquí no se parece al de ningún otro volcán.
Cómo se sube, que ninguna guía cuenta seguido: te recoge un jeep —Land Cruiser viejos y modificados, en caravana por la caldera—, sube la cuesta y aparca en un descampado. Desde ahí se anda media hora larga cuesta arriba hasta el mirador. Se vuelve al mismo jeep, que cruza el mar de arena hasta el cráter, y al terminar te devuelven en autobús.

Son dos sitios distintos y las dos mitades del día valen la pena. Seguramente, uno de los mejores amaneceres que se pueden ver en Indonesia.
Al mirador se llega de noche y a esa altura hace frío. Las agencias recomiendan chaqueta gruesa o cortavientos; en agosto, con una sudadera se pasa bien.
Aquí se madruga en serio. Todo este tramo va de levantarse de noche varios días seguidos; si eso te cuesta, este no es tu itinerario.
Día 6 · El cráter del Ijen, el ferry y Bali
De madrugada otra vez, al Ijen: la recogida en el hotel puede ser pasada la medianoche, con el equipaje ya hecho y el check-out cerrado antes de salir.
Dentro del cráter hay un lago turquesa de un kilómetro de largo que es el mayor lago ácido del mundo, tan corrosivo que no vive nada dentro. Se sube a oscuras y se baja con el lago ya iluminado: de los colores más llamativos del viaje, con la fumarola saliendo del borde.

Lo otro que se ve aquí, y que no es paisaje, son los mineros. El Ijen es de los últimos sitios del mundo donde el azufre se saca a mano: bajan al fondo del cráter, cargan cestas de bambú de setenta a noventa kilos y las suben por el mismo camino por el que tú bajas sin peso, dos veces al día, para después recorrer varios kilómetros hasta la carretera.
Lo que sí entra en la excursión: linterna frontal, máscara de gas y gafas de protección. No hace falta comprarlas. El calzado sí es cosa tuya, y aquí las zapatillas normales no valen: hace falta suela con agarre.
El mismo día, el tour termina entregándote en la parte de Bali que elijas, con el ferry de Java a Bali y el traslado en microbús incluidos. Eso es lo que hace que compense contratarlo entero en vez de por trozos: el salto entre islas te lo resuelven ellos, con el equipaje dentro y sin tener que organizar nada al llegar de noche a otra isla.
Si al día siguiente se vuela temprano, Kuta es una noche de paso y no una parada: se duerme cerca del aeropuerto y poco más.
Día 7 · Bali → Labuan Bajo
Labuan Bajo es un pueblo de pescadores en la punta oeste de Flores convertido en la puerta del Parque Nacional de Komodo: de aquí salen todos los barcos, y casi todo lo que hay en el pueblo existe por eso.
Vuelo temprano y traslado al alojamiento. Reservando con tiempo, el vuelo enlaza con la salida del barco y se puede subir a bordo el mismo día; dejándolo para última hora, los horarios que quedan no cuadran y la noche en tierra deja de ser una elección.
Aun pudiendo enlazar, esa noche compensa. Uno o dos días en Labuan Bajo, a la ida o a la vuelta, dan para una playa buena y para embarcar descansado en vez de llegar con el vuelo puesto. Lo que conviene es elegir los dos alojamientos con calma desde el principio —el de antes del barco y el de después— en vez de resolver el segundo sobre la marcha.
Días 8, 9 y 10 · El barco por Komodo
El Parque Nacional de Komodo son tres islas grandes —Komodo, Rinca y Padar— y decenas de islotes entre corrientes fuertes, y esas corrientes son las que traen la comida que sostiene el arrecife y a las mantas. No hay carreteras entre islas: el parque se visita en barco o no se visita.
Lo mejor del viaje, y no es una exageración. Tres días y dos noches navegando en un barco tradicional de madera, un phinisi, con pensión completa y snorkel a diario.
Mantarrayas, tiburones y tortugas. Si vas a Komodo, vas por esto.

Se duerme a bordo, se come a bordo y el día se organiza solo: fondeo, agua, isla, fondeo. No hay que decidir nada durante tres días, y esa es media gracia del plan.
Antes de embarcar hay papeleo con fecha: la naviera pide los pasaportes con una semana de antelación —sin ellos la capitanía puede no autorizar el embarque— y los datos del traslado unos días antes. También preguntan la talla de pie para las aletas y las alergias o dietas. Y el equipaje grande no sube: si duermes en el mismo sitio antes y después, se queda allí.
Te pueden cambiar media ruta con un día de aviso
La ruta que se compra es la de las fotos famosas: isla de Padar, Pink Beach, Manta Point, Taka Makassar e isla de Komodo. La capitanía marítima puede cerrar esa zona por mal tiempo y cambiarla entera, con un día de aviso; en su lugar salen Kelor, Menjarite, Kalong, Rinca, Penga, Mawan, Tatawa, Sebayur y Kanawa.
Y aquí está lo importante: la ruta de repuesto sale igual de bien. Lo que se compra cuando se compra un barco no son unas vistas concretas, es el barco, el agua y los tres días. Conviene saberlo antes de reservar para no montarse el viaje sobre una foto concreta.
Los dragones están bien, pero el barco está mejor

El dragón de Komodo es el lagarto más grande que existe —los adultos rondan los setenta kilos y el mayor medido pasaba de tres metros— y solo vive en este puñado de islas. Se visita en Rinca o en Komodo, andando en grupo detrás de un guardabosques, con otro cerrando la fila, cada uno con un palo largo bifurcado que es todo el equipo de seguridad que hay.
Entran en el mismo tour, así que se ven de todas formas, y tenerlos delante impresiona. Lo único, que la visita es corta: pasan la mayor parte del día tumbados descansando, y se queda en eso.
Montar el viaje entero por ellos es empezar torcido. Lo que va a quedarse contigo es el barco: el agua, las islas y los tres días.
Hay barcos para todos los presupuestos
Lo que más sorprende al verlo de cerca. La diferencia entre unos y otros no está en el itinerario, que es parecido en casi todos: está en dónde duermes y cuánta gente sube.
- Dormitorio compartido, con veinte o treinta personas en una sola habitación. Es lo que hace que el barco esté al alcance de casi cualquiera.
- Camarote privado en barco compartido, con pensión completa. El término medio, y el que mejor relación tiene.
- Y de ahí para arriba, sin techo.
Elegir bien aquí importa más que elegir la ruta: son tres días sin bajarse.
Lleva efectivo, y contado desde casa
Lo que se paga por el barco no lo lleva todo.
Día 11 · De vuelta a tierra
El barco termina a mediodía con una caminata en Kelor y snorkel en Manjarite, y quedan la tarde y la noche en tierra antes de volar a Bali. Aquí se nota si el alojamiento se eligió bien: con una playa buena delante donde relajarse o hacer snorkel, la tarde se resuelve sola. Sylvia Beach es la que mejor cumple: arena, arrecife desde la orilla y agua en la que apetece meterse.

Y otra vez los vuelos: reservados con tiempo se elige el de la mañana siguiente, o incluso el del mismo día, y no hay prisa; reservados tarde, se sale con lo que quede.
Día 12 · Labuan Bajo → Bali, y la danza Kecak
Vuelo de vuelta por la mañana y, al caer la tarde, la danza Kecak en el templo de Uluwatu, en lo alto del acantilado y con el mar detrás.
Uluwatu es uno de los templos marinos de Bali, colgado en el borde de un acantilado de unos setenta metros sobre el océano y en pie desde hace más de mil años. La función se monta en un anfiteatro al aire libre justo al lado, con la puesta de sol de fondo.

El Kecak no lleva instrumentos: el ritmo entero lo pone un coro de decenas de hombres sentados en círculo repitiendo chak-chak-chak mientras se representa un episodio del Ramayana. Empieza con el sol todavía alto y termina de noche, con el fuego en el centro.
Día 13 · Ubud
Ubud es el interior de Bali: el lado de arrozales, talla de madera y templos, tierra adentro y lejos de las playas del sur. Cuatro paradas entran en un día con transporte privado, y ninguna da para mucho más de una hora.
El bosque de los monos es un santuario dentro del propio pueblo, con macacos sueltos entre higueras enormes y templos escondidos en el bosque. Los arrozales de Tegallalang son terrazas regadas con el subak, el sistema comunitario balinés que reparte el agua de arriba abajo entre familias, funciona desde el siglo IX y es lo que la Unesco reconoció de Bali. La cascada de Ulu Petanu cae en una garganta estrecha, con la bajada por escaleras. Y el templo de las purificaciones, Pura Gunung Kawi Sebatu, es de los tranquilos: fuentes, estanques con carpas y gente local haciendo ofrendas, sin las colas de los templos famosos.

La tirolina de Tegallalang no es lo que suena. No es una tirolina: es un mini parque de atracciones montado sobre los arrozales, con la tirolina, los columpios típicos de Bali, los nidos para la foto y una bicicleta colgada de un cable. Todo eso existe porque los arrozales se pusieron de moda para las fotos.
Si lo que buscas es tirarte en tirolina, hay sitios mucho mejores en cualquier parte. Si ya estás en Bali y te apetece hacerlo sobre unos arrozales, está bien y se pasa un buen rato. Es un complemento del día, no un motivo para venir.
Día 14 · Nusa Penida
Nusa Penida es la mayor de las tres islas que hay frente a la costa sureste de Bali, y es otra cosa que Bali: seca, con acantilados de caliza cayendo a plomo sobre agua azul oscuro y carreteras estrechas y malas por dentro. Se visita en el día desde Sanur.
El día más largo de Bali: ferry a las siete de la mañana, y para cogerlo se sale del hotel temprano.

La mañana empieza con snorkel, sobre las nueve y media, y el resto del día se va en la costa: Kelingking a mediodía, y Broken Beach y Angel's Billabong después. Si prefieres saltarte el snorkel, ese hueco da para llegar también a Diamond Beach. De lo mejor de Bali.
Kelingking es el acantilado con forma de cabeza de dinosaurio que sale en todas las fotos, con una playa blanca al fondo. Broken Beach es una cala redonda cerrada por un arco de roca por el que entra el mar, y Angel's Billabong, justo al lado, una piscina natural excavada en la roca que solo se puede pisar con marea baja.
En Kelingking, la foto famosa se hace desde arriba. Bajar hasta la playa es otra historia: es una escalera de madera clavada en el acantilado, de las que se suben peor que se bajan, y bajar tampoco es precisamente sencillo.
Día 15 · Sanur y vuelta
Sanur es la playa tranquila del sureste de Bali: arrecife por delante, mar plano y un paseo largo junto a la arena, lo contrario del oleaje y el ruido de Kuta. Por eso funciona como base para Nusa Penida y como último día sin plan.
La última mañana se deja libre a propósito: después de dos semanas a base de madrugones, el plan es no tener plan.
Si aun así te levantas pronto, el mercado de Sindhu está a un paseo del frente marítimo y por la mañana es mercado de verdad: fruta, verdura, pescado, flores y las cestitas de ofrendas que los balineses ponen cada día en la puerta de casa. Va de seis a nueve, y a las diez ya está recogido. Por la tarde el mismo sitio cambia de oficio y se convierte en mercado nocturno de comida, que es la otra manera de cerrar el viaje si el vuelo te deja.
El vuelo de vuelta sale de madrugada, así que el día se estira hasta el aeropuerto.
Lo que merece la pena repetir
- El barco por Komodo. Mantarrayas, tiburones y tortugas, y tres días sin decidir nada.
- La cascada de Tumpaksewu. La bajada cansa y vale cada paso.
- El amanecer en el Bromo y bajar al cráter. Es el paisaje que se queda del viaje.
- Dormir junto a una playa buena en Labuan Bajo, elegida en el mapa antes de reservar.
Lo que se puede saltar
- El Palacio del Sultán y el Templo del Agua de Yogyakarta, si no vienes por la historia.
- Montarse expectativas con los dragones de Komodo, que es distinto de no ir a verlos.
Y una decisión de reparto más que de descarte: Bali se lleva cuatro días y no los necesita todos. Está al final porque de ahí sale el vuelo de vuelta, pero es la parte más turística y la más floja del viaje. Con un día menos en Bali y uno más en Komodo o en Java, la ruta mejora.
Los lugares de esta ruta

Java
Borobudur y Prambanan al oeste, y los tres volcanes en línea hacia el este: Tumpaksewu, el Bromo y el Ijen. Es la parte del viaje que se hace de madrugada.

Komodo
Se duerme a bordo y se nada con mantarrayas, tiburones y tortugas. Los dragones entran en el mismo tour, pero no son el motivo para venir.

Bali
Nusa Penida y la danza Kecak de Uluwatu sostienen la isla. Los arrozales de Ubud están por debajo de su fama, y hay mejores en la carretera hacia el Bromo.
Consejos para esta ruta
- Haz los tres volcanes de Java en un mismo tour. Están en línea de oeste a este y el último deja en el ferry hacia Bali, con el equipaje dentro. Contratado por trozos, el salto entre islas te toca resolverlo a ti.
- Reserva con más de un mes, y el barco de Komodo antes que nada. Reservar tarde no es solo más caro: los barcos buenos ya están cogidos.
- Lleva efectivo, y contado desde casa. La entrada al Parque Nacional de Komodo, la tasa turística y lo que se vende al pie de las cascadas se pagan en metálico, y allí no hay dónde sacarlo.
- Elige dónde dormir en Labuan Bajo por la playa, no por la habitación. Las hay donde no apetece meterse y las hay donde el snorkel empieza en la orilla.
- Si rehaces la ruta, quítale noches a Bali y dáselas a Java o a Komodo.