Komodo: tres días en un barco de madera
Se duerme a bordo y se nada con mantarrayas, tiburones y tortugas. Los dragones entran en el mismo tour, pero no son el motivo para venir.

Qué es y si merece la pena
El Parque Nacional de Komodo son tres islas grandes —Komodo, Rinca y Padar— y decenas de islotes en un brazo de mar con corrientes fuertes, al oeste de Flores. Esas corrientes son las que traen la comida que sostiene el arrecife y a las mantas, y son también la razón de que aquí el agua esté tan llena de vida. No hay carreteras entre islas: el parque se visita en barco o no se visita.
Se recorre durmiendo a bordo, normalmente en un phinisi, el velero tradicional indonesio de madera. Tres días y dos noches es la duración habitual, con pensión completa y varias paradas de snorkel al día.
Merece la pena, y es lo que más da de sí de todo el país. Conviene entender qué se compra exactamente, porque no son unas vistas concretas: la capitanía marítima puede cerrar una zona por mal tiempo y cambiar media ruta con un día de aviso, incluidos los sitios de postal que salen en todos los anuncios. Lo que se compra es el barco, el agua y los tres días, y con la ruta de repuesto el viaje sale igual de bien. Montarlo sobre una foto concreta es la única forma de salir decepcionado de aquí.
Lo que justifica el barco es el agua: mantarrayas, tiburones y tortugas, arrecife vivo a pocos metros de la superficie y fondeos donde se entra directamente desde la borda.

Los dragones entran en el mismo recorrido, así que se ven de todas formas: el lagarto más grande que existe, solo en este puñado de islas, visto andando en grupo detrás de un guardabosques. Tenerlos delante impresiona, pero pasan el día tumbados a la sombra y la visita es corta. Montar el viaje por ellos es empezar torcido.

Cómo se llega
En avión hasta Labuan Bajo, un pueblo de pescadores en la punta oeste de Flores convertido en la puerta del parque: de aquí salen todos los barcos y casi todo lo que hay en el pueblo existe por eso. Hay vuelos directos desde Bali varias veces al día y el trayecto no llega a la hora y media.
El detalle que decide el día de llegada es que los horarios del barco mandan sobre los vuelos, y no al revés. Los cruceros suelen zarpar entre las once y las doce de la mañana, con recogida en el alojamiento a media mañana, y vuelven a esa misma hora el último día. Traducido: para embarcar el mismo día hay que aterrizar antes de las nueve y media, y a la vuelta no conviene coger nada antes de las dos de la tarde. Si el vuelo no cuadra con eso, la noche en tierra deja de ser una elección.
Conviene saber además que el traslado gratuito al puerto suele cubrir solo el centro del pueblo: si duermes a las afueras, el taxi lo pones tú.
Cuánto tiempo hace falta
Cuatro días: los tres del barco más el de llegada o el de vuelta a tierra, que casi nunca se puede evitar.
Esa noche extra en Labuan Bajo, lejos de ser tiempo perdido, es de lo mejor repartido del viaje: da para una playa buena y para embarcar descansado en vez de llegar con el vuelo puesto. Lo que sí conviene es elegir con calma los dos alojamientos desde el principio —el de antes del barco y el de después— en vez de resolver el segundo sobre la marcha.
A bordo no hay nada que organizar: fondeo, agua, isla, fondeo. Esa es media gracia del plan.
A qué hora o en qué época ir
Temporada seca, de abril a octubre. Fuera de ella no es solo cuestión de lluvia: con mar movido aumentan las probabilidades de que la capitanía restrinja la navegación y el barco se quede en la zona de Rinca, la más resguardada.
En temporada alta los barcos buenos se reservan con meses de antelación. Reservar tarde no es solo más caro: es que ya solo quedan los peores, y aquí eso son tres días seguidos sin poder bajarse.

Consejos
- Elige el barco por dónde duermes y cuánta gente sube, no por el itinerario, que es parecido en casi todos. Va desde dormitorio compartido de veinte o treinta personas hasta camarote privado en barco compartido —el término medio, y el que mejor sale— y de ahí para arriba sin techo. Son tres días sin bajarse: esto importa más que la ruta.
- Lleva efectivo, y contado desde casa. La entrada al Parque Nacional y la tasa turística se pagan en el puerto el mismo día de salida, antes de embarcar, y van aparte del precio del barco. Puede aparecer además un recargo de combustible por persona que tampoco estaba en la cuenta. En Labuan Bajo no hay dónde sacarlo con comodidad.
- Manda los pasaportes cuando te los pidan, normalmente una semana antes: sin ellos la capitanía puede no autorizar el embarque. Los datos del traslado van unos días antes, y también preguntan la talla de pie para las aletas y las alergias o dietas.
- La maleta grande no sube a bordo. Si duermes en el mismo sitio antes y después, se queda allí; a bordo no hay límite de equipaje, pero tampoco sitio donde ponerlo.
- Elige el alojamiento de Labuan Bajo por la playa, no por la habitación. Las hay donde no apetece meterse y las hay donde el snorkel empieza en la orilla, y en las fotos las dos salen igual de bien. En el satélite de Google Maps sí se distinguen: donde el agua tira a turquesa claro hay arena y arrecife; donde tira a gris verdoso, fango.
- No te montes expectativas con los dragones, que es distinto de no ir a verlos.